Texto: Fernanda Poblete Castro
Investigación: Victoria Jara Cáceres,
Fernando Ossandón Correa
y Fernanda Poblete Castro
Una bolsa con papas, una manzana y una pera en primer plano, mural que es reconocido por la comunidad como uno de los más representativos de su barrio. Nuestra Feria es un mural que invita a sumergirnos en aquellas compras domingueras, donde no pueden faltar las papas, manzanas, cajas con plátanos, el (antiguo) carretonero y los feriantes que vociferan ofertas a sus caseritas y caseritos.
Corresponde al mural N° 10, del Museo a Cielo Abierto en San Miguel y data del año 2011. Los artistas tras el mural son Salazart, DKR y Oet. El primero de ellos, además, siendo vecino de la Villa San Miguel, recibe el encargo del C.C. Mixart de pintar un mural que reflejara la identidad del barrio bajo la temática de la Feria Libre de San Miguel en la calle Tristán Matta, que cada martes, jueves y domingo despliega sus toldos en la villa.
En un inicio, Salazart recolectó fotografías y se reunió con el Presidente de la asociación de feriantes para que le diera su opinión y le solicita “su rostro”. Alfonso Bahamondes (presidente) nos relata años después dicha conversación, en la cual se niega a ser la cara visible de la feria en el mural, y propone a un personaje muy querido y neutral en la feria: Pajarito, a quien vemos entregando una bolsa en la escena del mural.
Nuestra Feria representa un paisaje urbano, ubicado en plena Villa San Miguel y refleja aquella feria que antiguamente se instalaba en av. Departamental y que en la actualidad se ubica en Tristán Matta.
Es un mural cargado de detalles y significados, que vamos a pasar a precisar y analizar a continuación.
Pajarito: personaje muy querido de la feria, quien representa a todos aquellos feriantes que con cariño atienden constantemente a la clientela. Es también un representante del barrio, ya no es cualquier feria, es Nuestra Feria y el Pajarito representa a la identidad particular del barrio.

Frutas: pera y manzana en primer plano y en el fondo una caja con plátanos, que son el principal motivo de compras. Frutas esenciales en la alimentación y producción agrícola del país. También fueron escogidas las frutas para representar lo local en uno de los murales más representativos del Museo: Mural N° 1, Los Prisioneros, de Peña Jano Basti Gesak, Hozeh, Pobre Pablo y Ecos, en el cual se puede observar a uno de sus integrantes mascando una manzana, seguido de cajas con frutas y verduras a la venta, como en la feria.
Se puede considerar esta parte como el punto donde Salazart -uno de los tres autores de esta obra- saca a relucir sus habilidades como artista dedicado a hacer representaciones realistas. Es en la manzana donde se define el estilo del mural, puesto que podemos observar un trabajo bien logrado considerando el color, el brillo y los detalles de tipo figurativos que componen la imagen. Cabe destacar que en el primer plano se exacerba la atención por los detalles, mientras que hacia el fondo, en la profundidad de la imagen, las figuras tienden a mostrarse cada vez más difusas, transformándose en siluetas.
El carretonero y su carga: reflejan la fuerza y son puente fundamental entre el abastecimiento y la feria propiamente tal, en la página web del museo se describe esta escena como “la carreta tirada por un feriante representa la humildad y simpleza en comparación con los macro-mercados. De la carreta va cayendo fruta, lo que da un toque de abundancia”[i]. También se encuentra en relación con el mural N° 21, titulado Fuerza, realizado por el Colectivo Alapinta, en el que se observan frases como “San Miguel lucha día a día, esperanza hoy, unidad, techo, trabajo, educación”. Los cargadores o pionetas, trabajadores eventuales que ayudan a atender, armar y desarmar los puestos de venta, en su mayoría emigrantes caribeños, han reemplazado esa labor de fuerza en la feria contemporánea; y la añosa camioneta o camión liviano, ha sustituido al carretonero de la imagen en la vida cotidiana.
Respecto a esta escena, es interesante ver como uno de los autores de la obra literalmente “estampa” su nombre -Salazart- en la camiseta del carretonero. Se presenta a sí mismo de una forma original, al centro del mural, pero con una sutileza casi imperceptible para una observación superficial. Esta forma que utilizó el autor para mostrarse a sí mismo dentro de su trabajo se asemeja a lo realizado por Diego Velázquez en su pintura Las Meninas. Este es un detalle que enriquece lo observado y que, por lo mismo, da cuenta de un juego que se utiliza en otras escenas de la obra.

El perro: animal propiamente callejero, infaltable en las calles de nuestro país. Fiel amigo del hombre, duerme tranquilamente a la espera de un alimento que tarde o temprano llegará. No se asusta con la algarabía y la bulla del medio, pues es su lugar cotidiano.

Los toldos: estructuras que delimitan los locales de cada uno de los propietarios, además les permite cubrirse del sol para tener sombra, y del viento y lluvias en invierno.

Museo a Cielo Abierto: casi al fondo, en el punto de fuga, encontramos la figura de los departamentos que están siendo pintados y que forman parte del Museo a Cielo Abierto en San Miguel. Un detalle importante es el Museo en acción, con los andamios puestos en pleno proceso de pintado. Es como también Roberto Hernández, director del Museo, nos ha descrito el proceso histórico del museo: un ciclo sinfín, en constante acción. De las múltiples veces que el museo ha sido representado en los murales, siempre ha sido una niña con un spray pintando una muralla, andamios puestos para acceder al muro en altura, obras inacabadas, en proceso, que reflejan el espíritu del museo, el trabajo constante y el avance en el tiempo.

Valoración vecinal
Han sido también las “audiencias”, vale decir, quienes transitan por el espacio público de la Villa San Miguel, quienes han calificado este mural como uno de los más representativos del barrio y su identidad. De un total de 152 preferencias registradas, Nuestra Feria obtiene el segundo lugar en el número de preferencias, 11 menciones, tras el popular mural dedicado a Los Prisioneros. Diez de las once menciones son positivas, lo que habla del alto grado de identificación y reconocimiento que produce la obra en el público visitante. (Fuente: anexo Informe de Preferencias). Durante las entrevistas realizadas a turistas, artistas y vecinos del barrio, son estos últimos quienes prefieren este mural por sobre los demás debido al carácter identitario que produce en ellos y ellas.
Carlos Santander, vecino de la comuna, dice preferir el mural Nuestra Feria “Por ningún motivo en especial, pero uno viene todos los domingo, jueves y domingo a este sector y se ve reflejado en ese mural, lo que transmite, lo que ve los días domingos en el mural. Ese es el que más me gusta, me han gustado los que han estado haciendo ahora último, pero no son tan significativos para mí como el de la feria”.
De igual modo, Constanza Cabrera destaca su sentido de identidad “Yo no encontré el más bonito el de la feria, pero si lo encuentro el más representativo del barrio, o de los chilenos”, donde podemos ver que la feria no es algo propio del Barrio San Miguel, sino del país, cualquier persona, sobre todo los que aún no se han acostumbrado a las nuevas formas tecnológicas de comprar, podría verse representada en este mural, en los recorridos y compras del día domingo en la feria local.
En cuanto a las críticas del público que visualiza esta obra, estas se refieren a asuntos estéticos, como por ejemplo por considerar que la técnica realista no está bien desarrollada o porque se muestra como un mural más vinculado a un estilo clásico, quizás no tan innovador.
Aún así, Nuestra Feria logra comunicar su motivo identitario. Es un mural que no pasa desapercibido, pues ningún elemento que lo constituye está puesto al azar y logra vincularnos con lo cotidiano. No destaca por su estilo o técnica, sino más bien por su mensaje, por sus formas, objetos y el sentido de pertenencia e identidad, porque ¿quién no ha ido a la feria?

