El sábado 23 de septiembre de 2017, se realizó en la ciudad de Chillán una interesante muestra audiovisual que permitió a la agrupación PintArte sintetizar el trabajo realizado a lo largo del 2017 en relación con uno de sus proyectos más importantes: CulturizArte Chillán.
Texto publicado originalmente por Victoria Jara Cáceres
PintArte es una organización compuesta por jóvenes que se han dedicado durante años a estudiar y difundir el Street Art (arte callejero) desde diferentes áreas, las cuales afortunadamente se han complementado y convertido en herramientas de intervención para alcanzar sus objetivos. Desde el año 2010 son los responsables del desarrollo de encuentros de graffiteros en la ciudad de Chillán, que contribuyen a dar vida a la calles de la urbe.
En términos precisos, el objetivo de Culturizarte Chillán, el proyecto más importante de esta agrupación, es “rescatar elementos del patrimonio inmaterial local, mediante el desarrollo artístico y gráfico del graffiti”[1]. Tal como muchas otras organizaciones sociales/culturales, sus iniciativas han sido financiadas mediante la combinación de diferentes fuentes, principalmente el acceso al Instituto Nacional de la Juventud (INJUV), la postulación a los Fondos de Cultura del Consejo Nacional de la Cultura (CNCA), como también a través del crowdfunding y la autogestión.

Modelo de gestión
Lo que atrae particularmente de este proyecto es que se ha consagrado en la sociedad por medio de un modelo de gestión claro, puliendo sus falencias en el transcurso de los años. En este sentido destacamos preliminarmente que, si bien las etapas a través de las cuales se desarrolla CulturizArte Chillán no parecen ser reveladoras, sí lo son cuando se las pone en contexto, pues están pensadas para dar estructuras a artistas que históricamente no se guían por ellas. Esto último es algo que detallaremos más adelante; por el momento y en función de profundizar la descripción anterior, pasamos a exponer el modelo de gestión de la agrupación PintArte, el cual posee tres etapas que sus integrantes definen de la siguiente forma:
Investigación:
Período que abarca los primeros tres o cuatro meses y que se enfoca en que los participantes (tanto gestores como artistas) se involucren en las temáticas patrimoniales locales (materiales y/o inmateriales) seleccionadas para dicho período. En ese transcurso, se contactan con expertos vinculados a las materias: historiadores, veterinarios, entre otros; quienes les instruyen con los conocimientos necesarios para que la representación artística posterior tenga un fundamento que supere lo decorativo y consiga exponer con solvencia el objeto/sujeto de investigación. No es que la imaginación deba quedar de lado, pero quienes participan comprenden que el trabajo debe combinar el arte con información que eduque efectivamente a niños y adultos de la comuna.
Transmisión cultural:
Esta etapa se desarrolla en cuatro o seis meses, a diferencia de los encuentros graffiteros comunes que se llevan a cabo en uno a dos días. En ese tiempo, tras haber agrupado y coordinado a las crews (colectivos) y artistas particulares en turnos mensuales, se pintan los muros de la ciudad. De acuerdo con datos entregados por la agrupación, “se intervienen entre diez y veinte muros”[2], los que son definidos previamente dentro de los márgenes de la comuna de Chillán. En conversación con integrantes de la agrupación, ellos destacan que los muros no son restaurados, sino que son re-pintados cuando comienza el deterioro material. Lo anterior va en concordancia con la cultura del graffiti, que no busca la permanencia del rayado, sino que se caracteriza por la audacia del artista, que busca constantemente la transformación. El muro es la vitrina que los artistas desean para mostrar sus avances, el aprendizaje de nuevas técnicas, el uso de nuevos colores, a diferencia de lo que sucede con el muralismo tradicional (no militante), que se distingue por la permanencia de la obra. Lo anterior es uno de los motivos por los cuales, en este período, el equipo ejecutor pone especial énfasis en el registro visual y audiovisual.
Difusión Patrimonial:
Esta es la parte en la que el trabajo se difunde entre la población chillaneja, momento en el cual también se produce la evaluación y el aprendizaje. Acerca de este proceso de trabajo con la comunidad destacan la difusión en escuelas, cuando se introduce en diversas comunidades el tema sobre el cual se ha pintado en la respectiva versión (Patrimonio Natural, Mitos y Leyendas, entre otros). Aquí el propósito es que la comunidad pueda no solo observar los resultados – que quedan a la vista en la obra gráfica- sino también hacer una conexión directa, desde la voz de sus propios gestores, con el sentido del trabajo que se ha realizado durante los meses anteriores. Esto último es uno de los puntos que más satisfacciones entrega a sus realizadores, pues desean que su labor anual quede plasmada en la retina de las futuras generaciones, de modo que niños y adolescentes sientan que la expresión artística tiene un sentido claro, más allá de las abstracciones y de las galerías de exposición. El arte puede estar en la calle, puede ser educativo y debe estar a disposición de las personas. En esta fase final, se presentan los resultados a través de registros gráficos y audiovisuales que se distribuyen/difunden a través de productos culturales como postales, fotolibros, videos, entre otros.

Retrospectiva de la práctica para visualizar los resultados
Tras ocho años de trabajo, la experiencia de la agrupación PintArte puede ser calificada como exitosa, destacándose que sus resultados son producto de un largo proceso de ruptura y adición, el cual pasaremos a detallar desde este momento.
El Graffiti –la técnica de expresión principal que caracteriza a PintArte- posee una existencia de larga data. Es una expresión comunicativa que ha acompañado al ser humano desde sus primeros pasos. Gabriela Ferrada, investigadora, plantea que “El Graffiti es una expresión presente desde los orígenes de nuestra civilización, actualizándose a medida que el hombre avanza en su desarrollo, formando parte de su vida y también de las culturas a las cuales forma parte.”[3]. Es por ello que se puede describir como una expresión de enorme adaptabilidad en cuanto a los soportes y las temáticas utilizadas. Si en un principio un tallado o una marca en un muro se constituyeron como una señal gráfica del ser humano, hoy en día existen materiales específicos para su producción.
De este modo, cuando nos referimos al graffiti actual estamos aludiendo al Graffiti Hip-Hop, el cual está asociado al surgimiento del Movimiento Cultural Hip-Hop. En diferentes fuentes se enuncia que esta manifestación es “contra-hegemónica”[4] y alcanza a definirse, de la forma como la conocemos hoy, en la década de los sesenta, en diferentes urbes de Estados Unidos, pero cuyo epicentro más reconocido se situó en la ciudad de Nueva York, particularmente en sectores donde las comunidades afroamericanas y puertorriqueñas vivían el hacinamiento, la marginalidad, entre otras circunstancias de exclusión.[5]
En aquel período, el blanco más controversial fueron los túneles y trenes del metro de Nueva York, donde los jóvenes pintaban sus nombres o pseudónimos haciendo uso de tags (firmas) y caricaturas, entre otros diseños. Estos hechos marcaron para siempre la práctica del graffiti, debido a lo cual es asociado hasta la actualidad con la insurrección y el vandalismo. No obstante, con el paso del tiempo, lo que se generó alrededor de este movimiento tuvo repercusiones dispares tanto en el mundo académico como en los mass media, las cuales son visibles hasta hoy cada vez que las clasificaciones respecto al tag y el graffiti varían desde ser considerados aún como actos de vandalismo, como obras de arte o como aportes para la comunidad y sus espacios públicos.
Las labores realizadas por la agrupación PintArte encajan con las visiones positivas que existen acerca del graffiti. No es fácil hacerse el espacio, requiere tiempo, persistencia y la generación de una conexión entre la comunidad y los artistas, e incluso propiciar instancias de acercamiento del trabajo colectivo entre estos últimos actores. Para conseguirlo, los organizadores de CulturizArte Chillán, han suprimido aquellas lógicas trasgresoras que caracterizaron a los primeros exponentes del graffiti y que los mantuvieron en los márgenes sociales y culturales durante décadas, para posicionar su praxis como un aporte para sus conciudadanos.
Creemos que el éxito de este proyecto ha radicado fundamentalmente en los siguientes factores:
a.- Ha reducido el carácter individualista de la creación o el rayado, tanto en su manufactura como en la estética, es decir, se ha privilegiando el trabajo colectivo. Esta dinámica, que no es del todo nueva, se contrapone a aquellos escritos que plantean, por ejemplo, que el Graffiti Hip Hop se caracteriza por ser una práctica individual, donde “cada pintor elige su lugar, sus materiales y el momento para realizar la obra”[6]. A lo anterior añaden que “por eso, el resultado es siempre una experiencia personal, libre de cualquier imposición externa y sujeto solo a la propia voluntad…”[7]. De forma opuesta, aquellas oportunidades en que el graffiti se lleva a cabo por una colectividad, las reglas del juego cambian y se torna fundamental la capacidad de cohesión del equipo. Por ejemplo, en la revista graffitera No Gratos, N°3, se afirma que “Cuando en un graffiti varios autores unen sus trabajos, el resultado escapa a la intención de cada uno. Hay distintas maneras de enfrentar el desafío, desde la simple acción de compartir el muro y dividirlo para pintar en orden, a trabajar en la realización de un diseño conjunto, donde los trazos se mezclan en la concepción. Si mayor es el conocimiento entre los autores, mayor puede ser la colaboración, pero en todos, el resultado es una sorpresa que ninguno podía prever, por más rigurosa que haya sido la planificación.”[8].
b.- Otro aspecto importante se da en relación a los procesos de adecuación/ruptura en el uso de los espacios públicos. Esta experiencia asume el uso consentido de los muros [9] ue, aunque parece un factor sencillo de explicar y comprender, realmente es un eje fundamental porque de la maniobra de apropiación de muros han derivado los más importantes conflictos del graffiti en los espacios públicos. De acuerdo con los supuestos más básicos, quien raya se toma el muro sin un permiso previo, sin una intención clara más allá de la manifestación de una idea personal. No obstante, lo que se ha hecho más visible en la actualidad, y que es lo que sucede con CulturizArte Chillán, es una especie de obra gráfica callejera institucionalizada, la cual puede ser considerada como parte del patrimonio público[10]. Para que ello suceda el muro es solicitado, de manera que ningún muro privado o público sea intervenido sin autorización. En este punto se pueden discutir las diferentes nociones que existen acerca del espacio público y las disputas que se generan a partir de ello[11], sin embargo, lo que se busca desde la agrupación PintArte es asegurar el cuidado del muro por parte de los vecinos y que no se lo utilice para otros fines (electorales, por ejemplo), permiso formalizado por escrito. No está de más añadir que esta actividad, por ser cofinanciada con dineros públicos, no puede ir en desmedro de la calidad de vida de la comunidad.
c.- Otro factor de cambio que vale la pena destacar en esta experiencia graffitera es el uso de una gráfica comprensible. Si bien más arriba en este texto se definió, de manera general, que el Graffiti es una expresión gráfica que busca dejar un mensaje público, es posible precisar que las obras correspondientes al movimiento Hip-Hop poseen singularidades respecto a los materiales utilizados, así como también respecto a su aspecto visual, el cual parece entregar mensajes incomprensibles para el ojo que no está entrenado, particularmente cuando nos enfrentamos a la visualización de los tags. Estos últimos se definen como “escritos deformados y estetizados que dejan registro del nombre de su autor […]. Se realizan principalmente con pintura en aerosol, haciendo en algunos casos variaciones con látex, esmaltes e incluso plumones.”[12]. Esta descripción claramente alude a las influencias del graffiti importado desde las urbes norteamericanas que llegó en la década de los ochenta a nuestro país como producto del auge del proceso de Globalización, fundamentalmente a través de los medios de comunicación de masas.
En función de lo previo, Rod Palmer plantea que “En Chile, como en todos lados, el graffiti hip hop se caracterizó inicialmente por firmas etiquetadas (tags), escritas para un público cerrado, aquellos que están “dentro de la movida”[13]. No obstante, con el transcurso de los años y con la aparición de nuevos actores en la escena del graffiti, se comienzan a hacer patentes cambios en la estética del tag. Un ejemplo de esto se pudo ver en 1998, cuando “Cekis pintó su nombre en perspectiva, pero claramente legible, en la Plaza Baquedano […]. Desde 1998, letras de Fisek y otros graffiteros se han hecho más legibles”[14]. En concordancia, cada vez es más observable el nexo que graffiteros y crews sostienen con el mundo artístico, etiquetándose a sí mismos como artistas, algo que se han ganado a pulso a través de la práctica. Este nuevo sentido de pertenencia genera efectos positivos entre quienes desarrollan arte callejero, debido a que varios asumen un rol “militante”. Palmer ejemplifica esto de la siguiente forma: “Zike en un muro de Antofagasta escribió: “Graffiti es arte”. Él y Sien tomaron el tema del “arte al alcance de todos sin diferencia de clase”[15].
d.- Junto a esta nueva autoconcepción (graffiti = arte), se da un proceso cada vez mayor de inclusión de nuevas temáticas, las cuales se relacionan no solo con el artista, sino también con la comunidad a la cual está destinada la obra, generando nuevos sentidos sobre un muro que anteriormente solo significaba un límite físico.
Respecto a este factor debemos subrayar el proceso de hibridación que explica la existencia de un sentido entre el artista y la comunidad. En el caso de CulturizArte Chillán esto ha sido una de las claves, debido a que –como plantean en su objetivo- el graffiti hip hop, como práctica artística foránea, se transforma en un instrumento para poner en valor el patrimonio material e inmaterial específico de la comuna de Chillán. Es aquí cuando todas las otras rupturas y transformaciones toman una forma coherente. Los grupos de expertos y artistas trabajan unidos, es un acto consensuado con instituciones que financian y respaldan con el objetivo de que los artistas puedan entregar un producto visual educativo a la comunidad, el cual no experimentará su fin hasta una vez pintado el último muro, puesto que existen etapas que apoyarán el traspaso de sentido de las imágenes hacia un mismo significado. Con esto último nos referimos a los talleres de difusión que se realizan en diversas escuelas de Chillán.

COMENTARIOS FINALES
Los resultados de este trabajo son notoriamente visibles, pues la agrupación ha conseguido posicionarse como un actor relevante dentro de la comuna de Chillán (capital de la recién creada Región de Ñuble).
Algunos ejemplos concretos del reconocimiento que PintArte ha conseguido, se vinculan a ofrecimientos de muros en edificios pertenecientes a instituciones gubernamentales y educativas, las cuales abren sus puertas a estos artistas.
Por otro lado, podemos tomar como indicador implícito de éxito el respeto que los muros pintados generan en otros artistas y en la comunidad en general, expresado en la conservación de los muros usados como soporte, puesto que las obras no han sido intervenidas, manteniéndose en su forma original, siendo modificados solo por la misma agrupación como consecuencia del desgaste.
Por otro lado, los resultados simbólicos que podemos mencionar son sumamente interesantes y nos dejan algunas reflexiones acerca del impacto que generan las artes visuales en una comunidad. Una de ellas reafirma que no hay solo una forma de experimentar lo comunitario, sino variadas maneras. Lo importante en este caso es que el arte produce “bienestar” en quienes lo observan, particularmente por las temáticas abordadas. Los muros intervenidos en CulturizArte Chillán propician la ampliación de nuestros conocimientos sobre la ciudad en la que se desarrolla. Para sus habitantes, por su parte, es un espacio público en el cual se exponen imágenes que evocan recuerdos y con ellos, la producción de sentido de pertenencia. Finalmente se transforma en un medio de socialización[16] de valores, mitos y leyendas, flora y fauna que colaboran a construir la identidad de la región de Ñuble y sus habitantes.
Por otra parte, destacamos la continuidad que ha conseguido este proyecto, pues el colectivo PintArte ha sabido sostenerse en el tiempo, superando por mucho a otras iniciativas, las cuales al no conseguir financiamiento para desarrollar nuevos ciclos, se detienen y en la gran mayoría de los casos, se desvanecen. Creemos que esto ha sido posible por la cohesión del equipo y principalmente de sus encargados/as.
Finalmente, concordamos con el investigador Fernando Figueroa[17], quien plantea un desborde del graffiti no tan solo en un sentido geográfico, sino – y por sobre todo- en un sentido simbólico: el graffiti está siendo aceptado y financiado para ornamentar las paredes de entidades públicas y privadas sin la necesidad de transar en su carácter provocativo, sino para recordarnos quiénes somos y dónde estamos, a través la exaltación del patrimonio. Es por aquello que Culturizarte Chillán es un llamado de atención a pensar, reconocerse, cuidar y no olvidar.
[1] FERRADA, Gabriela (24- 26 de noviembre del 2016). “Culturizarte Chillán” o cómo un Encuentro de Graffiti se convierte en un proceso de revitalización cultural y patrimonial. 2do Congreso Nacional de Gestión Cultural. Santiago de Chile.
[2] Ibíd.
[3] FERRADA, Gabriela (2013). Ciudad, discurso y elementos críticos del graffiti en Chile: Choque entre margen e institucionalidad. (Tesis para optar al grado de Magíster en Estudios Culturales). Universidad de Arte y Ciencias Sociales (Arcis), Santiago de Chile, p. 61.
[4] VIVERO, L. (julio – diciembre 2012). Murales y graffiti: expresiones simbólicas de la lucha de clases. Ánfora, 19 (33), 71- 87. Universidad Autónoma de Manizales. ISSN 0121- 6538. (Pp. 77-78)
[5] Es importante decir que este movimiento no surge puntualmente en la ciudad de Nueva York, de hecho no se puede definir un espacio de génesis único, sino varios simultáneos, cada uno con sus diferencias estéticas. Los más destacados fueron barrios marginales en algunas de las grandes ciudades de Estados Unidos, como por ejemplo Filadelfia, San Francisco, Los Ángeles, Nueva York, entre otros (Ferrada, 2013: 67). Asimismo se observaron algunas expresiones similares y simultáneas en la ciudad de París durante las recordadas manifestaciones estudiantiles del año 1968. De modo concordante, el autor Luis Alberto Rivero, plantea que los registros que se tiene en Latinoamérica acerca de la praxis del graffiti como medio lingüístico y visibilizador de las clases subalternas datan del Siglo XIX. Por supuesto, su referencia alude al carácter comunicativo del graffiti, no así a su estética.
[6] No Gratos, N°3, Revista, (2003). Disponible en Memoria Chilena, Biblioteca Nacional de Chile http://www.memoriachilena.cl/602/w3-article-132302.html Accedido en 16/10/2017.
[7] Ibíd.
[8] No Gratos, N°3. Op. Cit.
[9] Se refiere a muros cuya propiedad es conocida, de un particular o de organismo estatal; en cambio, cuando se trata de sitios abandonados no se pide permiso y, en general, la comunidad local termina por respaldar esta decisión.
[10] FIGUEROA, Fernando. (9 de marzo del 2005). El Graffiti en el Espacio Universitario. Seminario Graffiti: una mirada histórica. Colegio de Málaga, Universidad de Alcalá de Henares. Pág. 11.
[11] Ver OSSANDON, Fernando (2017). Usos comunitarios y alternativos de los espacios públicos. Ponencia presentada al Encuentro Internacional de Gestores Culturales: Saberes y haceres de la gestión cultural. Realizado en Santa Cruz de la Sierra, Bolivia, desde el 25 al 28 de octubre del año en curso. Disponible en La Antesala.
[12] BIBLIOTECA NACIONAL DE CHILE. «Grafitis», en: Arte en el espacio público. Memoria Chilena. Disponible en http://www.memoriachilena.cl/602/w3-article-132285.html. Accedido en 16/10/2017.
[13] PALMER, Rod, (2013), Arte Callejero en Chile. Santiago de Chile, Ocho Libros Editores. Pág. 18.
[14] Ibíd. Pág. 18.
[15] PALMER, Rod, Op. Cit. Pág. 18.
[16] FERRADA, Gabriela. Op. Cit. (p. 70)
[17] El autor Fernando Figueroa (2005), citado con anterioridad en este texto, sostiene que “El graffiti se ha desbordado físicamente. Ha salido de sus ámbitos tradicionales y se ha desparramado por la superficie y los subterráneos de las ciudades como nunca antes se había visto; sin poderse atisbar del todo en qué va a parar esto
